A 25 años del ‘Desastre de Bhopal’ la tragedia todavía continúa
La madrugada del 3 de diciembre de 1984, una nube pegajosa de aire envenenado surgió de la fábrica que la empresa norteamericana Union Carbide Corporation tenía en la India y mató inmediatamente a 4.000 personas. Toda una generación sufre en la actualidad las secuelas que dejó la catástrofe.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Fue el caso más grave de contaminación química en tiempo de paz. Una tragedia que costó miles de vidas en la ciudad india de Bhopal. Ocurrió hace 25 años, pero sus consecuencias todavía perduran.
La madrugada del 3 de diciembre de 1984, una nube pegajosa de aire envenenado surgió de la fábrica que la empresa norteamericana Union Carbide Corporation (UCC) había construido en el centro de la ciudad india de Bhopal. Sin ninguna alarma que avisase del peligro, ningún plan de evacuación previsto ni la información sobre la composición del gas -que la empresa norteamericana se negó a facilitar-, la tragedia se convirtió en catástrofe.
Al entrar en contacto con la atmósfera, el compuesto liberado comenzó a descomponerse en varios gases muy tóxicos (fosgeno, monometilamina y especialmente ácido cianhídrico, también conocido como ácido prúsico o cianuro de hidrógeno) que formaron una nube letal que, al ser más densos los gases que la formaban que el aire atmosférico, recorrió a ras de suelo toda la ciudad.
En cuestión de horas perdieron la vida unas 4.000 personas y muchos miles más aspiraron el veneno que les mataría en los siguientes meses.
En 1985 se dio a conocer un informe, que identificó, como causas del desastre, las siguientes:
>El uso de químicos peligrosos en lugar de otros menos tóxicos –esto contradice el argumento de que el DDT es más tóxico que el metilisocianato;
>El almacenaje de productos químicos en tanques, en lugar de confinarlos en depósitos de acero;
>La posible corrosión en los depósitos en que se almacenaban los químicos;
>Poco mantenimiento en la planta;
>Medidas de seguridad escasas;
>La idea de ahorrar a costa de la seguridad, en particular en los sistemas de enfriamiento los que, por sí mismos, habrían evitado el desastre;
>La modificación de la planta por parte de ingenieros indios, a fin de cumplir con las regulaciones gubernamentales, pero abaratando costos;
>La poca preparación de las autoridades sanitarias para responder a una emergencia de esas magnitudes;
>La ubicación de la planta en una zona densamente poblada.
Bophal es la capital del estado indio de Madhya Pradesh. Se localiza a unos 580 kilómetros al sur de Nueva Delhi. En 1984 tenía poco más de un millón de habitantes –hoy la cifra asciende a millón y medio. La ciudad era prácticamente desconocida por la comunidad internacional, y más le hubiera valido seguir en el anonimato, dado que las circunstancias que la hicieron saltar a la fama fueron espeluznantes.
La UCC es una de las empresas productoras de químicos más longevas en USA. Fundada en 1917, tiene su sede en Houston, Texas, y en 2008 se estima que tuvo ingresos del orden de los US$7.330 millones. En el 2001 se convirtió en subsidiaria de la Dow Chemical Company. Cabe destacar que la empresa mantiene operaciones en todos los continentes.
Hace 40 años (1969), Union Carbide India Ltd. inició operaciones en Bophal. El capital de la empresa correspondía en un 50.9% a la UCC, en tanto el restante 49.1% pertenecía a diversos inversionistas indios y al sector público del país. El principal producto que elaboraba era el pesticida carbaryl. 10 años después se desarrolló una planta productora de metilisocianato, la cual simplemente se anexó a la infraestructura ya existente. En el momento del percance, la planta de Bhopal daba empleo a unas 650 personas y producía alrededor de 2.500 toneladas de pesticidas al año. El metilisocianato es un componente importante de los pesticidas y es incoloro y fuertemente inflamable, además de muy tóxico. De hecho, el metilisocianato vino a sustituir al DDT (diclorodifeniltricloroetano) sobre la base de que los pesticidas elaborados con aquella sustancia son menos nocivos para la vida humana.
A fin de evadir responsabilidad legal en lo sucedido, la UCC nunca proporcionó información acerca de la composición exacta del gas liberado, como tampoco sobre sus efectos en la salud humana, lo que evitó que los médicos pudieran dar un tratamiento adecuado a las personas afectadas. De hecho, la empresa se escuda desde hace 25 años en que la composición del gas es un secreto de fabricación.
El jefe del consejo de administración de la UCC, Warren Anderson, viajó a la India poco después del escape de gas y a su llegada al país permaneció detenido durante tres horas por la policía. Poco después, pagó una fianza de US$2.000 y abandonó el país. Sonriendo a las cámaras de televisión, declaró poco antes de embarcar en el avión que le llevó a USA: "Quiero saludar a mi mujer y decir: '¡Hola, mamá!', igual que se hace en los partidos". Anderson es considerado fugitivo por la Justicia india, y vive un retiro dorado en una lujosa mansión de Long Island.
La responsabilidad de lo sucedido, si bien se atribuye a la UCC, también recae en el gobierno de India, al igual que en las autoridades del estado de Madhya Pradesh. Así las cosas, luego de que el gobierno de India aprobó el Acta de Desastres sobre la Diseminación de Gas en Bophal, mediante la cual se convirtió en representante de las personas afectadas dentro y fuera del país, se pidió una indemnización a la UCC del orden de los US$3. 300 millones.
La UCC ofreció, en cambio, US$350 millones, esto es, el monto asegurado. En 1989 el caso se finiquitó con un pago por parte de la UCC por US$470 millones (la suma asegurada más intereses). Más tarde, la UCC se dispuso a vender su participación a Union Carbide India Ltd. para lo cual, la Corte Suprema determinó que debería contribuir a la creación de un hospital con 500 camas para atender a los supervivientes del accidente. Así, en 1998 fue inaugurado el Hospital del Recuerdo de Bophal y su centro de investigación, con la encomienda de dar atención médica gratuita por ocho años.
Para mucha gente, el drama que se desencadenó aquella noche aún no ha terminado. Toda una generación sufre las secuelas que dejó la nube con 42 toneladas de isocianato de metilo surgida del ‘tanque infernal’ que carecía de las seis medidas de seguridad y contención obligatorias.
En el hospital donde tratan a los afectados por el escape, muchos diagnósticos sólo dicen: ‘Afectado por el gas’. Unas palabras que pueden referirse a deformidades congénitas, cáncer de varios tipos, afecciones respiratorias y cutáneas, ceguera: la lista es interminable.
Cerca del edificio se levanta aún la mole herrumbrosa de la planta química, llena de fantasmas, que el gobierno regional propuso convertir en un museo turístico. Las protestas de los afectados, muchos de los cuales siguen viviendo en el mismo lugar donde murieron sus familiares, han paralizado el proyecto. “Porque si no la gente pensaría que aquello ya pasó, pero sigue ocurriendo. Para nosotros aquella noche aún no ha acabado”, asegura Taruna Menon, una de las miles de personas que aún tienen pesadillas con la 'nube ardiente'.
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viernes, 4 de diciembre de 2009
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