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domingo, 6 de diciembre de 2009

Catálogo de juguetes

TITOLO: Catálogo de juguetes de Sandra Petrignani
AUTRICE: S.P.
CASA EDITRICE: La Compañia
DATA DI PUBBLICAZIONE: 2009

Traduzione di: Guillermo Piro (Argentina)
Titolo originale: Il Catalogo dei giocattoli




RECENSIONI

(«La Nacion» di Buenos Aires 14/10/09) di Silvia Hopenhayn

De la infancia no sólo quedan relatos, también objetos que punzan la memoria. Como los juguetes. Esas piezas tan concretas de nuestras pequeñas invenciones y descubrimientos cotidianos. Al mismo tiempo, el juguete suele aparecer asociado al regalo. Y de allí quizá su rara existencia de vida regalada. En realidad, suelen ser partes de juguetes las que se conservan en algún rincón de un placard: la pierna de una muñeca, la locomotora del tren, la rueda de un autito o alguna figurita repetida de un álbum inconcluso. Hay algo de no terminado o de estanco en esas partes que por algún extraño motivo no fueron a parar a la basura. El problema es que no se sabe muy bien quién abandonó a quién.

Si el juguete al niño o el niño al juguete. En la maravillosa película Toy Story 2 , hay una escena en la que una muñeca, Jessie la vaquerita, recuerda cómo su niña-dueña, en los primeros albores de la adolescencia, la dejó tirada debajo de la cama. Pero justamente lo que aparece en esta historia es la subjetividad del juguete, como si algo de la vida que los niños le insuflan cuando juegan pudiera perdurar y fuera la causa de una agonía silenciosa.

Y ése es quizás el rasgo gélido que suele conllevar un juguete sustraído de la infancia. Es como una pieza desanimada, casi muerta de miedo. Hay algo de patético en lo dejado, y resaltarlo es una forma de hacer de lo perdido un objeto de culto, en vez de un hueco. Por eso el libro de la escritora italiana Sandra Petrignani, recién traducido al español por Guillermo Piro, titulado Catálogo de juguetes , es un paseo raro, entre lúdico y mortuorio, por un mundo desvaído, o más bien desvivido: la infancia.

Se trata de una serie de relatos breves, cada uno dedicado a un juguete. Entre los más de sesenta, aparecen un metegol, una honda, una bicicleta, bolitas, una soga, el lego, un barrilete, una marioneta, una pistola de agua, el tren eléctrico, palillos chinos, un trompo, dardos, globos, patines, etc. De cada uno de ellos la autora extrae retazos de afectos, fragmentos de historias olvidadas. Según Iac Mc Ewan, esta colección de textos es un ejercicio encantador.

Yo diría más bien de encantamiento. Hay algo en estos breves relatos que encanta por momentos de manera siniestra. Como bien señala Giorgio Manganelli, en el posfacio: "Hundir la mano en el tiempo de los juguetes es como para morirse de miedo. En ese lugar no existen dimensiones mensurables; todo es enorme, lejano; simplemente no existe. No existir: ése es un modo de ser extremadamente sutil, dramático, insinuante, amenazador. Con los juguetes hay que ser cautos: esos levísimos no-seres, esas larvas presurosas, son la terribilidad encarnada".

De allí que el posfacio se titule, precisamente: "Donde resiste lo que no existe". Hay algo en la atmósfera del libro que remite a La vida, modo de uso , del genial George Perec, por esa idea de la acción congelada en el tiempo. Pero las estampas de Sandra Petrignani son irregulares; algunos juguetes descriptos no tienen el sabor narrativo que puede adquirir una naturaleza muerta a través del tiempo. Igualmente vale su manierismo en la disección, que nos permite recorrer cada una de las páginas evocando nuestros propios materiales de la infancia.


Santuario de primeras magias (La Voz, 22ottobre '09), di Demiàn Orosz


Comienza con la hamaca, como si pusiera todo el libro al amparo de una oscilación entre el cielo y la tierra, o del deseo más sencillo de sostenerse en el aire, y culmina con un zoológico en miniatura, breve repaso de los habitantes originarios de los países infantiles, compañeros del día y custodios del sueño.

Entre la hamaca y el zoológico, el Catálogo de juguetes de Sandra Petrignani admite también a otras 63 criaturas o prácticas del mundo de los juegos. La autora italiana, nacida en 1952, concibió este viaje a la infancia cuando advirtió que había un quiebre entre los objetos de su niñez y los juguetes y fantasías de su pequeño hijo. Una fractura que la escritora leyó en términos de magia perdida: la electrónica y el capitalismo arrasan con el aura, transforman a los juguetes en cosas iguales a otras cosas.

El reverso exacto del santuario de primeras y olvidadas magias que propone Petrignani bien podría ser esa mezcla de cementerio de juguetes semi vivos y tétrico parque de crueldades que construye un horrible niño en la película Toy Story, empeñado en machacar y rehacer engendros con cabezas, brazos y ruedas de distintos muñecos y vehículos. Cosas hechas con otras cosas, traqueteando como una familia de "frankensteins".

Tensado por una mirada melancólica, el libro no es sin embargo un catálogo de nostalgias, ni de meditaciones que se cierran en lamentos un poco benjaminianos sobre el aura rota. Algunos de los 65 relatos breves que incluye este Catálogo de juguetes se emparentan mejor con otro aspecto de la obra de Walter Benjamin: una mirada atenta a los vínculos del juguete con la sociedad que lo ha producido, las ideologías que encarnan y su extraña forma de ubicarse en una trinchera del tiempo.

La escritora retiene escenas de su vida y de su época, le contagia a los retratos de los juguetes una silueta del momento en que los usaba, los olores y conversaciones de la casa, o la irrupción intempestiva de los adultos y sus variables humores. En la estela que dejan sus evocaciones se puede leer también el rumor de un tiempo distinto, marcado por algunas carencias y otros modos de apreciar lo que se tenía. Predomina una mirada femenina y desde la perspectiva infantil al mundo gigante, inaccesible y un poco hostil de los adultos, con sus rituales duros.

Pero Petrignani sabe que los juguetes no son inocentes y se pone a salvo de una visión idílica. Así como hay muñecos que conservan el olor de los niños que los estrujaron o que mantienen en circulación los fluidos emocionales que migraron desde sus poseedores al peluche o al paño Lenci, a menudo los juguetes también pueden reproducir las jerarquías de clases del mundo al que han sido llamados a adornar o encantar.

Papel de seda para los barriletes de los niños mimados por el salario de sus padres, papel de diario y una larga cola hecha de trapos de colores para los barriletes de los niños pobres. Caballito de madera o palo de escoba. En esa materialidad de apariencia sencilla se dirimen otras batallas menos fantásticas. Los juguetes también activan las diferencias de género: armas, máquinas, fuertes y soldados para los niños; casas de muñecas, bebotes y batería de cocina para los primeros llamados a filas de un gran ejército de pequeñas madres y amas de casa.

El universo que visita Petrignani va desde el trompo a la pompa de jabón (el "juguete" más etéreo de todo el catálogo), pasando por el fortín con indios y vaqueros, el osito, la plastilina, el tren eléctrico, la bicicleta, la soga, los dardos y ese estoico matriarcado en miniatura que es una matrioshka. Por supuesto, en el recorrido por su italiana y lejana infancia Petrignani deja fuera de catálogo a la pista skalextric y a los muy argentinos luchadores de Titanes en el ring que se podían coleccionar comiendo toneladas de chocolatines Jack.

Tampoco hay dinosaurios (la autora vivió su vida de niña en una época pre jurásica), pero eso es lo de menos. Su mirada alcanza un nervio, una zona de fascinación que se podría llamar atávica. Se suele preguntar qué libro se llevaría a una isla desierta. ¿Por qué nunca se pregunta por el juguete que haría compañía en ese eventual destierro? Este catálogo puede ser una buena respuesta para ambas preguntas.



© 2009 Sandra Petrignani
Realizzazione curata da Roberto Vespa - Credits

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