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martes, 9 de febrero de 2010

De Gardel a Dempsey


Por Eduardo Berti

Parece mentira que Enrique Cadícamo no llegara a cumplir los cien años. Le faltaban pocos días cuando murió y se quedó sin esa medalla, casi como un Reutemann sin nafta. En cualquier caso, debe de ser su única hazaña incompleta porque, en su larga vida, cumplió mil y un sueños: escribió letras de tangos que estrenó Gardel, compuso músicas bajo el sombrero de Rosendo Luna, hizo cine, conformó con Juan Carlos Cobian una dupla compositiva exquisita (“Los mareados”, “Nostalgias”) y hasta publicó varios libros de memorias, dos de ellos en especial: uno que cuenta el debut de Carlos Gardel en París desde una doble condición de protagonista y testigo; otro que retrata a su querido Cobian e incluye varias escenas imborrables, como el histórico combate entre Firpo y Jack Dempsey, presenciado desde el borde del ring.

Tuve la suerte de conocer a Cadícamo y de poder charlar con él. Le gustaba polemizar, provocar al interlocutor. Le gustaba “ir a la pelea de fondo”; o sea, al fondo del asunto.

Cadícamo, desde luego, podría no haber escrito libros e igualmente habría pasado a la historia por versos como “hoy vas a entrar en mi pasado”, “muñeca brava bien cotizada”, “nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí” o el proverbial “vuelvo cansado a la casita de mis viejos”. Sin embargo, Cobian, ese desconocido es un libro apasionante. A menudo me pregunto si algún director de cine tendrá los reflejos de hacer algo con él.

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