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domingo, 10 de enero de 2010

El Barco / Jorge Cohen

*El autor era Jefe de Prensa de la Embajada de Israel y estaba trabajando en el segundo piso en el momento del atentado. Se considera un privilegiado por poder escribir después de haber sobrevivido y en su libro

Cuando ocurrió el atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires, Jorge Cohen estaba en el segundo piso: fue despedido, salió de entre los escombros y sobrevivió. Escribió "Cuentos bajo los escombros" y "El Barco" de Editorial Ross.

"En principio, todo lo que he escrito o escriba luego de los atentados está o estará directa o indirectamente influido por ellos. Todo. Hasta cuando escribo la lista de compras en el supermercado. Ese es mi piso narrativo. Aunque no me lo proponga, en algún lugar del texto estarán el clima, la sospecha, estarán las complicidades, las hipocresías, los encubrimientos. Estará ese decorado sostenido por la Justicia, ese decorado con los buenos y con los malos de la película. En suma, en algún lugar de la trama estará la impunidad", explica Cohen en una entrevista que le realizó la periodista Fernanda Kantor en exclusiva para .




- En "El Barco" hay un asesinato en el que el presunto asesino rinde luego homenaje a su víctima. ¿Esto sugiere una continuidad en esa relación ficción-realidad a la que te referiste recién?


- Cuando escribía la novela pensaba que en la ficción era natural que sucediera eso, pero no lo vinculé con los atentados, al menos concientemente. Esa relación que vos hacés me parece atinada. Asesinos que simulan llorar a sus víctimas en la trama siniestra de los atentados. Bien. ¿por que no pensar que eso sucedió y que aún sucede?


- Como en tu ficción, que el presunto asesino reza concentrado durante el sepelio de Posadas, su víctima.

- Eso sucede en la novela, en el realismo de ese texto. Y puede ser tomado también como una metáfora.


- ¿La literatura y la ficción pueden incidir de alguna manera contra estas conductas y contra la hipocresía que vos marcás?

- Es una respuesta difícil porque es difícil medir ese impacto, en caso de que tal cosa fuera posible. Sin embargo, y con los riesgos de las generalizaciones, me parece que hoy la literatura tiene una incidencia lateral, mínima en la sociedad y aún en la cultura, mucho más atravesada por la información pública. Entonces, diría que hoy la influencia de la literatura contra la impunidad es francamente menor. ¿Qué puede hacer la literatura frente al terrorismo en dosis industriales, a los grupos violentos y militarizados, a los jueces que no juzgan, a los diplomáticos desinteresados en lo que debiera interesarles, a los investigadores que no investigan?
Pero habrá que pensar también si es función de quienes escribimos ficción situarnos frente a esos poderes fácticos y en caso afirmativo para qué.


- ¿Es esa una función de la literatura?

- No lo sé. Sartre decía que sí y Vargas Llosa también lo dice. Alguien que se dedica a esto tiene, antes que nada, que saber escribir. Lo demás se puede discutir.


- Sin embargo, tus cuentos significaron un aporte a la memoria, directo e indirecto, y la posibilidad - que vos mismo marcaste en una entrevista anterior - de pasar de ser victima a ser testigo.

- La literatura puede apuntalar la memoria como un hecho simbólico y algunos críticos hicieron esa generosa interpretación de "Cuentos bajo los escombros". Si fue así, bienvenida la memoria. Se apuntala la memoria y eso se puede lograr. Pasar a ser un testigo fue un proceso personal, pero no hubiera sido posible sin mi trabajo como escritor.


- Me surge esta pregunta luego de escucharte: ¿Que es ser un escritor honesto?

- No se me ocurre más que contestarte con la frase de Osvaldo Soriano: ¿qué escritor honesto opta por los vencedores?


- ¿Quiénes son los vencedores dentro de las cuestiones que estamos hablando?

- En la no ficción de la que venimos hablando en la entrevista, los vencedores son quienes pensaron y llevaron a cabo los atentados, sus encubridores, sus cómplices. Claramente.


- ¿Y en tu literatura?


- En mi literatura los personajes más queribles no son precisamente los ganadores, o lo que lo establecido conoce como tales. Me animo a decir que eso sucede con mis personajes en el "El Barco", y esto se puede leer en el final de la novela.

-¿Y aplicado a vos mismo?


- Aunque esto no me parece que le interese a nadie,
creo que soy un privilegiado, empezando por el hecho de que puedo escribir, y lo puedo hacer luego de haber salido despedido de entre los escombros, con vida, aquel 17 de marzo.


- La novela tiene, tal tu característica, las palabras indispensables, muy pocos adjetivos, diálogos tajantes, breves. ¿Por qué?

- Es una estrategia narrativa. Me parece que lo que se puede contar en diez palabras hay que contarlo en ocho y luego si se puede en seis. Es mi punto de vista, sólo eso.


- ¿Te merece alguna otra reflexión? Te lo pregunto porque es notorio ese rasgo de tu escritura, quizás sea el más saliente, además del suspenso.

- Es una elección. No me siento cómodo con palabras de más. Por otra parte, vivimos con muchas palabras de más: en los medios audiovisuales pasa demasiado a menudo, en los textos de la burocracia, en los discursos, en los vendedores de ilusiones.

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