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viernes, 18 de diciembre de 2009

La resistencia del trabajo en blanco
Según datos del tercer trimestre, el porcentaje de empleados en negro disminuyó de 39 a 36 por ciento en el último año, pero no fue por mejoras en las condiciones laborales sino porque la crisis derivó en más despidos en ese sector.


Por Tomás Lukin

El empleo en negro alcanza al 36 por ciento de los trabajadores. La cifra corresponde al tercer trimestre del año y representa una leve reducción de 3 puntos porcentuales frente al mismo período en 2008. En un contexto de disminución de empleo la caída en la informalidad no refleja mejoras en las condiciones laborales de los más desprotegidos, sino que esos puestos de trabajo se destruyeron. La contracción del empleo no registrado evidencia la situación de precariedad en la que se encuentran esos trabajadores.

Durante la primera mitad del año 140 mil trabajadores pasaron a la informalidad y el desempleo ascendió al 9,1 por ciento. Según estiman los especialistas del Cenda, desde fines de 2008 hasta la fecha se perdieron alrededor de 350 mil puestos de trabajo. El elevado porcentaje de informalidad es superado ampliamente en el medio rural donde alcanza tasas que superan el 70 por ciento. La informalidad laboral está estrechamente relacionada con la pobreza. Los ingresos de los trabajadores en negro son un 50 por ciento inferiores a los que perciben los registrados.

El Indec publicó ayer los datos desagregados de la Encuesta Permanente de Hogares para el tercer trimestre del año para los 31 aglomerados urbanos relevados. En las provincias más pobres la precariedad laboral supera considerablemente la media nacional. En el nordeste –Corrientes, Formosa, Gran Resistencia y Posadas– los asalariados sin descuento representan el 43,1 por ciento. En tanto, en el noroeste –Gran Catamarca, Gran Tucumán, Jujuy-Palpalá, La Rioja, Salta y Santiago del Estero– el porcentaje de asalariados excluidos de la protección del conjunto de las normativas legales se ubica en el 42,8 por ciento.

El mercado laboral en estas regiones es muy estrecho, las remuneraciones se ubican por debajo del promedio nacional y tienen bajas tasas de desempleo (3,9 y 7,9 por ciento, respectivamente) producto del desaliento y la emigración. La Patagonia cuenta con la menor tasa de asalariados sin descuentos jubilatorios (20,9), mientras que Cuyo (38,6) y la región Pampeana (33,4) se ubican alrededor de la media nacional. En el Gran Buenos Aires el desempleo llegó al 9,8 por ciento, el más elevado del país, y la informalidad fue del 36,2 por ciento.

A diferencia de lo que sucede en América latina donde la informalidad responde al “autoempleo” ante la ausencia de otras oportunidades, en la Argentina una parte significativa del fenómeno son asalariados no registrados: “Se trata de trabajadores precarizados, contratados por empresas que tienen asalariados formales. Así, el ajuste que se produce en las firmas cuando hay recesión es precisamente reduciendo la cantidad de empleados no registrados”, explicó el investigador del Conicet, Fernando Groisman.

Otro ajuste característico en momentos de crisis es la precarización del empleo registrado. El mecanismo es presentado por los empresarios como una alternativa para no despedir trabajadores. Desde el Ministerio de Trabajo, esa dinámica no se observó a gran escala en esta oportunidad ya que la expulsión de trabajadores del sector formal no fue tan importante y, por lo tanto, el mercado informal no tuvo que absorberlos. Más allá del impacto puntual de la crisis, distintos economistas remarcan que luego de un período de fuerte crecimiento económico basado en la creación de puestos de trabajo no se logró reducir considerablemente los niveles de informalidad.

En el Ejecutivo destacan el efecto sobre la informalidad del programa de blanqueo que lleva adelante AFIP, el Repro –el programa donde el Estado se hace cargo de una parte del salario de los trabajadores– y la regularización del empleo público. Además, destacan la importancia de la extensión del sistema de asignaciones familiares a los desocupados y asalariados en negro. Según las estimaciones oficiales, se regularizaron alrededor de 500 mil puestos de trabajo. Por su parte, el Repro creció exponencialmente en el año y alcanza a 160 mil trabajadores.

Corrientes exhibe la tasa de informalidad más alta del país, alcanza al 45,9 por ciento. La situación opuesta se observa en Río Gallegos y Ushuaia donde la precariedad alcanza al 11,5 por ciento de los trabajadores. El informe difundido por el organismo estadístico muestra que el desempleo afecta más fuerte a las mujeres (10,1) que a los hombres (8,3). Las mujeres hasta 29 años son el grupo más golpeado por la falta de trabajo. En ese sector la desocupación llega al 18,6 por ciento. El impacto sobre los jefes de hogar se ubica en el 5,1 por ciento.

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